
En uno de los artículos que inauguraban este blog, en «El trilema de la Revolución Francesa... y de otros», recogí unos graciosos versos satíricos del P. Leonardo Castellani, desmitificadores de lo que ha sido la base doctrinal del Liberalismo político, sobre todo el francés, el más laicista y anticlerical. El asunto viene de molde por la ofensiva laicista y anticatólica, disfrazada de «democraticismo», que padecemos desde hace algunos años. Poco después comenté y enlacé el excelente y esclarecedor ensayo de Vladimir Volkoff «Por qué soy medianamente democrático»; la pega de éste es que es una denuncia del estado actual de las cosas, pero no ofrece ninguna alternativa. Y miren por dónde me tropiezo de nuevo con el genio literario y profético argentino en Homilética, comentando el Evangelio del xxvi domingo ordinario del ciclo A: la parábola de los dos hijos. Para los que desconozcan de qué va esa parábola y la lectura del Antiguo Testamento correspondiente a ese domingo, ahí van:
25 Comentáis: «No es justo el proceder del Señor». Escuchad, casa de Israel: ¿es injusto mi proceder?, ¿o no es vuestro proceder el que es injusto? 26 Cuando el justo se aparta de su justicia, comete la maldad y muere, muere por la maldad que cometió. 27 Y cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo y practica el derecho y la justicia, él mismo salva su vida. 28 Si recapacita y se convierte de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá.
28 «Pero ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Llegándose al primero, le dijo: “Hijo, vete hoy a trabajar en la viña.” 29 Y él respondió: “No quiero”, pero después se arrepintió y fue. 30 Llegándose al segundo, le dijo lo mismo. Y él respondió: “Voy, Señor”, y no fue. 31 ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?». «El primero», le dicen. Díceles Jesús: «En verdad os digo que los publicanos y las rameras llegan antes que vosotros al Reino de Dios. 32 Porque vino Juan a vosotros por camino de justicia, y no creísteis en él, mientras que los publicanos y las rameras creyeron en él. Y vosotros, ni viéndolo, os arrepentisteis después, para creer en él.
Como fino analista (y detractor) de la modernidad, y también cristiano hasta el tuétano, Castellani da una de cal y otra de arena, la denuncia y la solución, que no es nueva, sino antiquísima, y, en el fondo, aplicable a cualquier sistema político que respete el derecho natural, porque en realidad de lo que se trata es de un problema de corrupción social e individual de origen espiritual; eso sí: con la sorna, humor cascarrabias y brillantez característicos de su pluma.
Los hijos diferentes
(P. Leonardo Castellani: Las parábolas de Cristo, Ed. Jauja, Mendoza., 1994, pág. 285-293)
La exégesis antigua unánime interpretó esta sencilla parábola del pueblo Gentil y del Judío (excepto el anónimo autor del Opus Imperfectum); que es, cierto, el significado de la Parábola siguiente (los Viñadores Homicidas) en Mateo; mas no de ésta. Pues no se puede mantener esa interpretación y ningún moderno la sostiene. Cristo mismo explicó la comparación aplicándola no a Gentiles y Judíos, sino a dos clases en el mismo pueblo judío; justos y pecadores: no cualesquiera justos sino «los que se tenían a sí mismos por justos» (Lc. xviii, 9); no cualesquiera pecadores, sino los que se arrepentían. Inesperadamente santo Tomás después de proponer la exégesis antigua, introduce una propia de «los Laicos y el Clero», identificando a los laicos con el hijo que primero puteó y al fin hizo el trabajo; y al clero con el que no hizo nada sino buenas palabras. Parece demasiado anticlerical.
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