Política

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¿Muñecos «antisemitas»? ¡Ahí va, y yo que se los iba a pedir a los Reyes!

Göring de 3R: Uno de los muñecos controvertidos.Göring de 3R: Uno de los muñecos controvertidos.

Bueno, en realidad, no, pero más que nada porque, más que afición por los muñecos articulados de tipo militar («action figures») a escala 1:6 (12″), lo que tenía era predilección en mi infancia y juventud por los soldaditos y maquetas a escala 1:32 ó 1:35, y además empiezo a peinar canas y mi economía no está precisamente como para dedicarme al coleccionismo militar, pero esta noticia absurda me ha tentado.

El asunto, tal como lo interpreto, es como sigue: una señora, Christine Delsirié, esposa del coronel de la Gendarmería francesa Jean-Christophe Delsirié, tiene un negocio honrado de venta por internet de figuras y muñecos de 12″ llamado Figurines 12 Pouces, cuya sede mercantil —como muchas actividades de autónomos— está radicada en su domicilio particular. El problema radica en que en el catálogo se encontraban (ya no) reproducciones del fabricante 3R —especializado en personajes del Eje— de Goebbels, Göring (ambos de gran fidelidad), Dönitz (regulín, debe de ser de los primeros) y Hitler (muy poco conseguido: el uniforme es el de la época de putsch de Múnich, y no se parece a él en ningún momento de su vida, salvo en el bigote y en la expresión de loco-endemoniado), y que el domicilio particular está ubicado en la casa-cuartel de la Gendarmería en Dinéault (Finisterre, Francia).

Elecciones Generales 2011 y el mal menor

Hoy es el último día de campaña electoral, y mañana el día de reflexión —si no lo revientan, que ya empieza a haber costumbre— previo a las votaciones al Parlamento de España, y en estas elecciones están en juego asuntos tan importantes como salir del caos económico y revertir la ingeniería social subversiva y deletérea en los que nos ha metido el lunático de Zapatero y sus secuaces. Como el régimen de España es democrático —bueno, eso dicen— e implica que, aunque esporádicamente, nos convertimos periódicamente durante un día en políticos, conviene recordar los tres principios innegociables del político cristiano:

  • la defensa de la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural,
  • la familia formado por hombre y mujer y abierta a los hijos y
  • la libertad de educación para los padres,

que S. S. Benedicto XVI aclaró en unas jornadas organizadas por el Partido Popular Europeo.

En teoría el asunto está claro, pero en la práctica, no, porque la realidad es que ningún partido con representación parlamentaria cumple los requisitos de defensa de estos principios —en la práctica hasta actúan en contra, incluso los presuntamente “de derechas”; recuerden la aprobación de la PDD y la donación de embriones para investigación por parte del PP, la celebración de Gallardón de la primera boda gay en Madrid, la subvención a abortorios por parte de CiU mientras se recorta el presupuesto de Sanidad en Cataluña, y un largo etcétera— y aquí es donde entra la cuestión del mal menor, del que tenemos —o teníamos— en general una idea equivocada.

Banderita... te están dejando morada

Banderita tu eres roja
banderita tu eres gualda
y de tanto que te arrastran
te están dejando morada.

Cántese con la música del Pasodoble de La Bandera (de Las Corsarias) y ya sabrán la opinión que tenía mucha gente de esa malhadada II República Española —la misma que tengo yo, por cierto— y que se instauró en un día como hoy hace exactamente 80 años. Y no es para menos, siendo el cambio más inofensivo el ridículo de la bandera, que me huelo que se hizo por la obsesión enfermiza que tienen los masones por el número tres.

(Actualización: Me acabo de enterar que hoy también se cumplen 99 años del hundimiento del Titanic. Así salió la República como salió. Y es precisamente hoy cuando el imbécil que tenemos como Gran Timonel compara a España con un gran transatlántico. ¡Anda que no es gafe el tío! Porque la España actual y su casta política está tan contenta de haberse conocido como el pasaje y la tripulación del Titanic… hasta que chocó.)

1. El arresto (Арест)

«Archipiélago GULAG» de Aleksandr Solzhenitsyn, edición bilingüe.«Archipiélago GULAG» de Aleksandr Solzhenitsyn, edición bilingüe.

Capítulo 1. El arresto

¿Cómo se llega a ese misterioso Archipiélago? Hora tras hora vuelan aviones, navegan barcos y retumban trenes en esa dirección, pero no llevan un solo letrero que indique el lugar de destino. Tanto los taquilleras como los agentes de Sovturist y de Inturist se quedarían atónitos si les pidieran un billete para semejante lugar. No saben nada ni han oído nada del Archipiélago en su conjunto, y tampoco de ninguno de sus innumerables islotes.

Los que van a ocupar puestos de mando en el Archipiélago proceden de la Academia del MVD.

Los que van de vigilantes al Archipiélago son convocados a través de la Comandancia Militar.

Y los que van allí a morir, como usted y yo, mi querido lector, deben pasar forzosa y exclusivamente por el arresto.

I. La industria penitenciaria (Тюремная промышленность)

«Archipiélago GULAG» de Aleksandr Solzhenitsyn, edición bilingüe.«Archipiélago GULAG» de Aleksandr Solzhenitsyn, edición bilingüe.

Primera parte.
La industria penitenciaria

En una época de dictadura,
de enemigos por todas partes,
a veces dimos muestra de una delicadeza
y compasión innecesarias.

(Krylenko, discurso en el proceso
contra el Partido Industrial)

Archipiélago GULAG (Архипелаг ГУЛаг)

«Archipiélago GULAG» de Aleksandr Solzhenitsyn, edición bilingüe.«Archipiélago GULAG» de Aleksandr Solzhenitsyn, edición bilingüe.

Archipiélago GULAG 1918-1956

A todos los que no vivieron lo bastante
para contar estas cosas.
Y que me perdonen
si no supe verlo todo,
ni recordarlo todo,
ni capaz de intuirlo todo.

En el año de mil novecientos cuarenta y nueve, unos amigos y yo dimos con una nota curiosa en la revista Priroda de la Academia de Ciencias. Decía en letra menuda que durante unas excavaciones en el río Kolymá se había descubierto, no se sabe cómo, una capa de hielo subterránea. Esa capa había conservado congelados desde hacía decenas de miles de años especímenes de la misma fauna cuyos restos se habían encontrado en la excavación.

Fueran peces o tritones, lo cierto es que se conservaban tan frescos —atestiguaba el reportero científico— que, tras desprenderles el hielo, los integrantes de la expedición se los habían comido ahí mismo con sumo placer.

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